Haciendo maletas
He vuelto a casa.
Pero esta ya no es mi casa. Mi sitio ya no está aquí. Es hora de volar de nuevo.
La vida está llena de ciclos y yo cierro otro ciclo de la mía.
Este ha sido un ciclo de transición para coger fuerzas, aclarar ideas, cicatrizar viejas heridas...
Ahora ya no hay dudas, está claro.
Mi hogar está allí donde sea feliz, plenamente feliz. Esa era mi meta cuando comencé mi camino: tener la mayor cantidad de momentos felices. Y sé dónde puedo tenerlos.

Como siempre, haré una lista de las cosas que tengo que llevarme en mi viaje:
- el despertador de ilusiones que tengo en mi mesita,
- el cepillo para desenredar malos pensamientos y dudas,
- el lápiz para pintar labios que dan besos dulces y mojaditos,
- la crema para dar caricias por todo el cuerpo,
- pañuelos que enjuguen lágrimas de alegría,
- un libro en blanco donde describir momentos inolvidables,
- la colonia para perfumar mis rincones,
- zapatos para recorrer la multitud de kilómetros por descubrir,
- la nariz torcida de payaso que provoca miles de sonrisas,
- las cajitas para fetichistas de papelitos y recuerdos,
- unas velas para consumir en noches eternas,
- las gafas de sol para contemplar amaneceres,
- grageas de alas de mariposa,
- partituras llenas de notas para tocar a dos manos en el piano,
- bombones rellenos de ternura para momentos hipoglucémicos,
- mapas de carreteras que indican rincones donde el silencio se oye.








